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Yo te creí

jueves, 06 de mayo del 2010 a las 01:28
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Yo te creí

Creí en tus besos apasionados, en tus abrazos eternos que podían trasladarme al infinito y convertirme en un hada de colores brillantes.

Creí que éramos cómplices de una historia sin rumbos, con una energía única que nos conectaba. Y pude imaginarte en cada ausencia...

Fuimos dos almas fusionadas en un deseo incontenible, sin culpas, sin límites, sin otra causa que aquella que nos ataba a una pasión descontrolada.

Cada encuentro era tan bello como la melodía que me susurrabas.

Tan irreal como los sueños  y tan cálido como un atardecer en el mar, era cada momento compartido. Tan esperado como lluvia en verano, tan rápido como  ráfaga de viento.

Todo pudo ser diferente…  no lo sé.

Ahora pienso en tu mirada fija en mi boca, tratando de ignorar mi decisión de negarte. Pienso en tu adiós rogándome en silencio el último abrazo de nuestro tiempo.

Tengo en mi mente el más hermoso recuerdo que me hace sonreír y  suspirar, pero se opaca rápidamente cuando pienso en tus mentiras.

Creíste ilusamente que no me enteraría, tus palabras no coincidieron en los relatos que contaste y de a poco tu imagen se fue cayendo.

Seguís intentando volver a mí como si nada hubiera pasado. Tuve que ocultarlo por una promesa, pero no me olvido.

Si a las palabras se las lleva el viento, los actos quedan grabados en la piel del que los sufre. No vuelvas a intentarlo, yo tengo corazón.

Y si mi deseo fuera más allá de mi fortaleza y cayera en tus brazos nuevamente, mi propia herida se encargará de recordarte quien soy.

La pasión no se devuelve con un “hasta luego”. La sinceridad no se recompensa con una frase robada.

 La vida se encargará de enseñártelo.  

Reencuentro

lunes, 15 de febrero del 2010 a las 15:50
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Reencuentro

Algunos le llaman “destino” otros, “atracción” y aunque no importe el título muchos hemos experimentado el reencuentro con alguien que formó parte de nuestro pasado.

Esta es la historia de una rubia llamada Eroll y un apuesto morocho: Val. Se conocieron hace nueve años en un pequeño pueblo rodeado de campos. Ella tenía 17 años y él 22 cuando en un encuentro de danzas supieron que los unía una pasión indescriptible. Plena adolescencia que invita a enamorarse de las flores, a deleitarse con la llegada del otoño, a tropezar con cada obstáculo.

La música los acercó de a poco y mirándose a los ojos sintieron que ese día habían empezado a transitar el mismo camino. Pero el tiempo se encargó de hacerles notar que ese camino era una ilusión, su distancia física se hizo sentir (eso que algunas veces logra derribar los puentes).

Eroll conoció otro hombre que la deslumbró con su “parla” y le prometió un futuro perfecto a su lado. Seguridad, protección y arraigo fueron sus fantasmas por las noches. Una mujer cargada de prejuicios, intentando buscar en él lo que no le enseñaron a descubrir en ella.

Val se resignó a transitar otros caminos -hombre de “mujeres esporádicas”- fue a buscarla en cada amor pasajero, pero la vida le formó una coraza para proteger su amor verdadero.

Quiso el viento recordarles que la música seguía latente en su don de bailarines y nueve años después la brisa de sus sueños los sorprendió en un escenario.

Eroll seguía de novia, cansada de no ser ella misma, pero atada a una relación que se había afianzado con la resignación y el olvido. Val no necesitó conquistarla, solo se ocupó de mirarla a los ojos. El perfume de su piel la trasladó a aquel momento inolvidable, su cuerpo recordó al instante a quien estaba frente a ella y se transformó su rostro cuando la inevitable sonrisa volvió a dibujarle la alegría.

Dos almas compartiendo un escenario y la pasión por la danza, demostrando la incansable voluntad de concretar su anhelo. Fue necesario hacerse cargo de la realidad y cuestionarse cuál sería el paso siguiente: Eroll expresó lo que sentía desde hacía años, reconociendo que nunca había olvidado su primer amor, que era imposible evitarlo ante su presencia. Val le confesó que si ella asumía lo que sentía, estaba dispuesto a proponerle matrimonio.

Ella en silencio, con el rostro enrojecido y sus ojos tristes le pidió perdón y se alejó asumiendo su impotencia por no poder definir su rumbo.

En el lugar más olvidado de su corazón, Val guarda la esperanza de encontrar a la mujer de su vida, esa persona que conoció de ojos inocentes, de alma aventurera, joven emprendedora que comparte su pasión.

El sabe que volverá a verla…

Le pide al viento encontrarla… sola.

 

 

                                                                                                                             Paola Arias

Tomar una decisión

sábado, 19 de julio del 2008 a las 17:55
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Cuando hay que tomar decisiones aparecen todos los "yo" que uno tiene en la mente más otro "yo" que generalmente es el que le atribuimos al corazón,  que no tiene limitaciones ni cálculos matemáticos y al que solo le importan los sentimientos puros.

Posiblemente estés pasando por esa situación, en medio de "la espada y la pared" tratando de no herir a nadie, de quedar bien con "dios y con el diablo", pero se acortan los tiempos y hay que decidir antes que la "bola de nieve se agigante". ¡Qué difícil es! ¡Cuánto cuesta pararse frente al problema ponerse firme con una postura y darle fin al "dolor de muela"! Pero claro, es fácil decirlo, mientras que llevarlo a cabo es un tanto diferente. Pues bien, si de decisiones se trata y ya que "estamos en el baile...bailemos".

Decía mi amigo Rodolfo: "la vida es una continua construcción". Es cierto, no podemos esperar que los demás se crucen en nuestras vidas y la transformen a su gusto, somos nosotros los responsables de cada una de nuestras elecciones y en la medida que estamos involucrados en una relación, en un grupo, en un contexto social tenemos el compromiso de tomar decisiones. Algunas veces tendremos que desapegarnos del pasado y apostar a nuevos rumbos, otras veces será cuestión de aceptar ciertas normas y seguir luchando por lo que se está construyendo.

"El riesgo de elegir es el precio de la libertad" fue escrito en un papel que cayó del cielo, aquél día preciso en el que necesitaba recibir una gran verdad. Es riesgoso tomar decisiones cuando lo que está en juego es el amor, pero también es cierto que si vivimos bajando la cabeza por temor a perderlo todo jamás lograremos nada. ¿Qué pierdo si lo intento? El "no" ya lo tengo, pruebo por el "sí", tal vez suceda...

Dentro tuyo sabes lo que querés para vos y para tu vida. Pensá con fuerza, concentrate y pone todas tus energías a favor de eso que querés lograr. Lo que decidas será el fruto de tu accionar y te servirá para crecer como persona. Luego, evaluarás si fue positivo o negativo, en ambos casos habrás aprendido algo nuevo que será parte de tus experiencias.

Y.. ¿Para qué sirven las experiencias? Para "evolucionar", para aprender a vivir y enseñar a aprender.

Fotitos de quien?

domingo, 22 de junio del 2008 a las 01:50
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Amigos, familia querida... Algunos que van dejando su paso por las nuevas cámaras de foto. Gente nueva...otros que siguen estando y parece que jamás envejecieran. Cuántas emociones !! Y habrá más...

En ese preciso momento

jueves, 12 de junio del 2008 a las 14:44
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¿Alguna vez te detuviste un segundo para apreciar lo que ocurre en ese preciso momento? ¿Alguna vez intentaste quedarte quieto para permitirle a tus sentidos captar cada una de las sensaciones en ese preciso momento?

La mayor parte del tiempo vivimos "pensando" en lo que tenemos que hacer en el futuro, en realidad no estamos ocupando el tiempo para planear un orden de acciones (algo que es necesario), sino que vivimos pensando en algo que todavía no sucedió y olvidamos presenciar lo que nos está ocurriendo ahora.

Hay siempre un instante en el que dejamos de realizar una actividad práctica y generalmente recurrimos a lamentarnos  por algo o a culpar a algún ser divino por nuestras obligaciones. Nos relajamos en una silla y empiezan los suspiros opacados de ira, rabia, negación. Si nos disponemos a recostarnos, seguramente el futuro se adueña de nuestros pensamientos y lo que es más triste, se apodera de nuestras culpas por todo lo que no hicimos o no pudimos ser.

Siempre estamos presenciando acciones y siempre somos parte de lo que ocurre en un determinado momento y lugar, solo que generalmente no somos concientes de "estar" con todos los sentidos.

Si nos propusiéramos captar cada sensación, si nos detuviéramos en los detalles de lo que realizamos cotidianamente podríamos lograr disfrutar de lo que ocurre en ese preciso momento. Hoy, ahora, aquí, a mi alrededor, en este instante estoy viviendo algo único e irrepetible que si no lo respiro, si no lo percibo, si no lo huelo, si no lo disfruto, no habrá otra oportunidad para que se repita. 

Estamos transitando un camino que será extenso o breve -no lo sabemos- pero al mismo tiempo que nuestros pasos avanzan dan vuelta las agujas del reloj, transcurren los días y con ellos nuestras acciones. Lo que sucedió hace un minuto no volverá a ocurrir. El pasado es tan efímero como el futuro, no podemos remediar lo que quedó atrás ni conjeturar sobre lo que todavía no es real. Pero podemos influir en el presente con el pensamiento, con las decisiones y con acciones.

Si en lugar de quejarnos nos hacemos cargo...

Si en lugar de recostarnos y culpar a nuestra almohada optamos por meditar...

Si en lugar de perder nuestra mirada en el vacío abrimos los sentidos para captar...

Si nos proponemos respetar el orden de las etapas sin pretender estar allá si puedo disfrutar de estar aquí, ahora...

Si intentamos ver con optimismo la consecuencia de nuestras acciones y a partir de allí hacernos cargo de nuestras elecciones...

Empecemos en este preciso momento: observá, sentí. Tratá de que cada parpadeo sea lo suficientemente extenso como para permitirte disfrutar plenamente con todos los sentidos.

En treinta años aprendí...

lunes, 07 de abril del 2008 a las 22:59
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En treinta años aprendí que era verdad aquello de “llegar a grande”, aunque todavía no se para qué todos te preguntan: ¿Qué querés ser cuando seas grande? Si el “ser” no te lo regala un título ni mucho menos la actividad a la que te dediques. También pude comprobar lo que una sabia maestra me dijo una vez: “cuando uno llega a ser adulto se olvida de muchas cosas, inclusive de lo hermoso que es ser niño, las responsabilidades no son fáciles de llevar…”

Generalmente nos olvidamos de las sencillas maneras de disfrutar la vida, nos alejamos de las pequeñas situaciones que nos satisfacen las ganas de de ser grandes. ¿Te acordás de esa sensación cuando te regalaban un chocolate de esos pesados con papel dorado? O cuando te quedabas horas y horas acostado en el césped viendo las estrellas, esperando que cayera una…

En treinta años aprendí que ese té de yuyos que hacía mi abuela todos los días, que era bueno para todos los males lo tienen los componentes de la hepatalgina, claro que sin el calor de la taza de metal y la dulzura de la nona al evitarnos los dolores.

Aprendí que eso de “cada cuál cosecha lo que siembra” también es cierto aunque no siempre depende de la calidad de la semilla, el entorno es parte fundamental de las relaciones que entablamos y la adversidad, las pruebas que debemos superar. Pareciera que todo lo que hacemos es circunstancial y se desvanece con el tiempo, sin embargo lo que no vemos es que debajo de la tierra, la semilla está desarrollándose muy lento y luego dará sus frutos.

En treinta años supe que mis padres fueron los pilares que me ayudaron a crecer, con aciertos y errores, ellos me dieron la libertad de optar siempre que no olvidara los valores. Si bien de niña no tenía idea que eran esos “valores” hoy, que ya están casi extintos los reconozco y agradezco enormemente. Tuve otros pilares, esos que a veces uno elige o tiene la suerte que se crucen en la vida. Tuve una madrina que además de tía fue y sigue siendo mi amiga del alma. Si algún día encuentro a alguien con tanta fortaleza tendré que dudar si existo. Tuve una maestra que me enseñó algo más que matemática, lengua y ciencias, me dio un libro de vida con cada segundo de su enseñanza que dedicó a sus niños, esos que todavía no eran adultos.

Tuve amigos que estuvieron por épocas: los de los doce, los del secundario, los de la ciudad, los que se volvieron al pueblo, los que cada tanto encuentro por ahí, los que hace años siguen regando la amistad.

Aprendí que es bueno ceder en esto de la amistad, en la convivencia (con quien sea que vivas) en el trabajo, en la naturaleza…Ceder que no es lo mismo que rendirse. Debo ser paciente tanto para esperar el logro de lo que anhelo como para comprender a quién necesita de mí. Todo va y vuelve…

Aprendí que las tentaciones no son como las ganas de robar un chocolate del quiosco de mi abuelo, ahora el dinero, la ambición, el poder, la envidia nos llevan de la mano sin darnos cuenta y pasamos del deseo a la tentación descontrolada sin vuelta atrás.

Y del amor... cuánto se aprende y cuántas veces volvemos a cometer errores. Si algo tengo claro es que solo con el tiempo se llega a conocer el amor, el enamoramiento que es tan bello y cosquilloso dura solo un tiempo, luego de eso aparecen los defectos y las virtudes verdaderas que si se aceptan y negocian allí entra en juego el amor, sino tal vez solo sea algo pasajero que también es válido para seguir aprendiendo.

Lo que me resta aprender… será en los próximos treinta años cuando entonces pueda transmitir lo aprendido a mis hijos y nietos… y por qué no a algún hijo de la vida que anda por ahí “coleccionando” experiencias.

Carta a una compañera

viernes, 22 de febrero del 2008 a las 23:01
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Ro: hoy me pediste una especie de consejo y me estremeciste el corazón. Se que estás mal porque estás recordando momentos tristes de tu vida y necesitás contención. A veces cuando estamos con el corazoncito dolido esperamos ese abrazo fuerte que sin palabras nos permita saber que alguien nos entiende, que nos apoya o que símplemente nos quiere y está presente. Y vos sos una personita que demuestra mucha fortaleza a pesar de que sos "chiquita" pero también sos humana, con lo cual tenés todo el derecho del mundo de "pedir a gritos" que necesitás cariño y comprensión. La persona que está a tu lado, quizá no esté considerando la magnitud de tu tristeza, pero no es porque no te quiera. Es muy probable que no sepa como llegar a vos de la manera que querés. Enseñale, explicale símplemete que lo necesitas y que sus abrazos aunque sean sin palabras son tu contención.

Los seres humanos no demostramos los sentimientos de la misma forma: algunos queremos expresar rápidamente lo que nos pasa para desahogarnos, otros se encierran en su mundo esperando que todo pase, otros dejan ver algunos gestos esperando una reacción.... y hay miles más. Puede ser que logres complementar tu forma de ser con la de él, siempre y cuando lo dialoguen y lleguen a un acuerdo.

Lo que te puedo decir es que si no lo hablás lo suficiente como para que te comprenda tal vez él nunca sepa que lo estás necesitando.

Espero que te sirvan mis humildes palabras, por lo menos quiero que sepas que podés contar conmigo.

Un abrazo enorme (que te lo puedo dar por suerte )

Pao

¿Te acordás?

sábado, 16 de febrero del 2008 a las 21:53
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Qué te pasa cuando ves una foto vieja ? Miles de sensaciones no?

Hay momentos que quedan guardados en una foto. Hay expresiones que quedaron en el tiempo y solo con las fotos volvemos a revivirlas.

Hay personas que ya no están, pero siguen sonriendo en las fotos.

Hay un "te acordás" que te hace poner la piel de gallina...

Qué pasaba en tus cumpleaños, en las fiestas, en tu niñez ?

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"El hermano del medio" (BONITA )
holaa todos, pues si me siento muy identificada con sus comentarios  soy la hermana de en medio de ......(01 nov)
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